lunes, 7 de abril de 2008

CAPITULO II - RECIBIENDO NOTICIAS





Foto. San Juan Tatongo ubicado en la sierra de donde ustedes quieran, pero en este caso de Puebla.

Gustavo, gritó mi madre te ha llegado una carta de la oficina Regional de la SEP, corrí presuroso al encuentro de la noticia esperada por varios días y que ahora se encontraba en manos de mi madre, la tomé con la ansiedad de quien toma de la cintura por primera vez a la mujer amada , al desdoblar esa hoja, poco a poco mi corazón se aceleraba en su ritmo cardiaco, y eso lo sé bien por que soy médico, por lo que no podía estar equivocado en cuanto a mis expresiones corporales, efectivamente la carta era de la oficina Regional en Puebla de SEP, en ella se me informaba de mi nombramiento como profesor en la oficina sub.-regional del la SEP de Teziutlán, ciudad a la que debía trasladarme en un termino de cinco días hábiles, para iniciar mis actividades como profesionista en el oficio de Hipócrates, nadie podría describir la emoción que me embargaba en ese momento, ya que durante cuatro meses, estuve en espera angustiosa de una decisión sobre mi solicitud para trabajar en beneficio de la salud, y digo en beneficio de la salud, por que como todo joven de treinta años aun tenía las fantasías de un hidalgo, ayudar al que te necesita..
Dos días después viajaba en un autobús al punto de encuentro con mi cita serrana, durante el viaje los sueños que tuve fueron estando despierto, por fin mi anhelo de juventud se estaba realizando, y por supuesto que Yo no dejaría que nada ni nadie se interpusiera en el nuevo camino que la vida me concedía, dejaba atrás el amor de mi novia , la soledad de mi viuda madre ,así como la estimación de mis amigos de la facultad con quienes me reunía los miércoles de cada semana , para intercambiar conocimientos, chistes y platica de amores, todo esto en un viejo salón, en el que jugábamos billar y dominó a la luz de una lámpara con tan tenue luz que la más de las veces Antonio nuestro amigo más bromista se aprovechaba para hacernos trampa sin que consiguiéramos los demás hacerle pagar las cervezas que se había tomado, pero todo esto ocurría siempre con la risa continua y la desfachatez que te dan los pocos años y la falta de responsabilidades, ya que todos los ahí reunidos estábamos en las mismas condiciones, en la impaciente espera de una oportunidad de ser nos útiles a nosotros mismos y a la sociedad que nos forjo, pero no quiero hacer más largo el relato que el viaje , por fin después de cuatro horas habíamos llegado a la perla de la sierra, Teziutlán, tierra de caciques y gente de mucho trabajo con su esperanza de siempre , de un año de cosecha mejor que el anterior, el cual por cierto había estado bastante mal.
Era el mes de julio la ciudad me recibió bajo una pertinaz lluvia que esa tarde hacia que la tierra despidiera un olor a fragancia de árboles frutales que combinaban sus aromas sin que se distinguiera ninguno, olor a manzana, a naranja, a ciruela pero lo mas sorprendente es que ese perfume acrecentaba mi ánimo como el de un recluta que se presenta a filas por primera vez. Buscaba un hotel cerca del centro cargando mi pesado bagaje que consistía en dos grandes maletas, viejas , rotas, pero eso si con magnificas chapas que resguardaban para mí todo lo que en ese momento eran mis más preciadas propiedades, libros, ropa nueva y vieja, un álbum de fotografías que mi madre insistió en que me trajera para no olvidarme de mis seres amados, objetos personales de limpieza en fin todo lo que un viajero piensa que debe llevar cuando su estadía fuera de casa será larga , volviendo al asunto de las maletas debo mencionar que estas habían sido las compañeras inseparables de mi difunto padre que con su profesión de agente de ventas recorrió todo el país ,hasta que un día la muerte le sorprendió y murió víctima de un viejo padecimiento que lo atacó solitario en el cuarto de un hotel en un pequeño pueblo, sin que la ayuda médica estuviera en sus últimos momentos, tal vez por ello yo me dediqué los últimos años de mi carrera a estudiar con tanta devoción que mi madre llegó a molestarse por las largas desveladas que con frecuencia acompañaban mis solitarias noches que solo yo entendía, por cuanto mas aprendiera , mejor realizaría mi trabajo.
Me encuentro a la puerta del Hotel cuyo nombre nunca se me olvidara ya que se llama como mi novia, Amparo, aquella linda compañera de estudios, que con tristeza de mujer amada acababa por dejar en Puebla con la promesa de que pronto volvería.
Una vez registrado en la recepción del hotel se me asignó la habitación 116, rapidamente desempaqué mis pertenencias y me dispuse a salir para presentarme en las oficinas de la sub-delegación de SEP, serían aproximadamente las seis de la tarde cuando abandoné el hotel ,la lluvia amenazaba estar por toda la tarde y la noche, en virtud del que el cielo se encontraba totalmente cubierto de nubes por lo que se podía anticipar una larga noche lluviosa.Informado de la ubicación de las oficinas en cuestión apresuré el paso no solo por no mojarme sino para llegar con prontitud al centro de mi inquietud de varios meses, "la entrevista final",
Cuando llego al número 86 de la callo de Pino Suárez, me encuentro con la puerta cerrada y un aviso de que el horario de atención es de las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde, información que difería con la originalmente proporcionada en las oficinas regionales de Puebla en donde se me informo que el horario de la sub-delegación era de ocho de la mañana a las seis de la tarde ,procedí a tocar con firmeza el timbre, la puerta , la ventana, hasta que por ésta última se apareció la cabeza del que fungia como velador ,quien bastante molesto me dio toda clase de explicaciones pero indicándome sobre todo que ya estaba cerrado y que sería hasta el día siguiente a las ocho en que se me podría recibir. Mojado de pies a cabeza, cansado, frustrado, y con mucha hambre me dirigí nuevamente a mi hotel, para cambiarme y buscar un lugar donde pudiera cenar y dar por mi parte terminado ese día, una hora más tarde cenaba en una loncheria cercana al hotel en donde parecía que se reunia todo áquel que fuera forastero en Teziutlán, eso lo sé por que en algunas ocasiones que acompañé a mi padre a sus viajes de recorrido de zona , siempre cenábamos en lugares similares en donde se llenaba de desconocidos pero a la vez como si todos se conocieran, platicaban, se hacían broma, reían y daban a esos momentos un agradable ambiente sino familiar si de mucha camaradería, es exactamente lo que me sucedió esa noche sintiéndome alejado de la casa pero entre conocidos desconocidos como los que habitualmente saludaba mi padre, al filo de las ocho de la noche me despedí de mis ocasionales amigos y regrese al hotel, en donde por producto del viaje y las emociones encontradas del día rendido de sueño me quede sobre la cama con la ropa puesta arrullado por el continuo golpear de las gotas de lluvia sobre la ventana de mi pequeña habitación.

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