Al salir de las oficinas, me dije ,Yo Gustavo Rangel Bustamante, no eres la persona para ese trabajo, y en ello iba pensando cuando me tropecé con Doña Amparo dueña del hotel en que me hospedaba , quien me sacó de mis cavilaciones al saludarme, Profesor Gustavo que bueno que lo encuentro por que de Puebla le ha llegado una carta de su madre, se la he dejado en la entrada donde se encuentran las llaves de los cuartos, gracias le dije acelerando el paso para llegar lo más pronto posible al hotel, tal como lo había dicho la señora Amparo la carta me aguardaba como un centinela , abrí el sobre con nerviosismo pues apenas llevaba dos días fuera de mi casa y en verdad no me esperaba tan pronto noticias, sus primeras lineas casi me las salté pues eran los típicos saludos de; ¿ como me encontraba ?,¿que tal me habian recibido, si acaso la temperatura era agradable, como estaba comiendo? , en fin que al llegar a la parte medular de la misiva me informaba que mi amada novia en quien tanto había pensado en estas últimas horas, no bien deje la ciudad se fué a Monterrey donde tenía una oferta de trabajo desde hace quince días y Yo sin saberlo, ella ocultándolo todo como si fuera un plan para robar, si para robar mi corazón , ahora me sentía como asaltado, vacío, me dio rabia conocer esta verdad Yo que tantas ilusiones tenía para que nuestro amor se concretara en algo más que un noviazgo de profesionistas en busca de trabajo, a mi mente llegaron una gran cantidad de recuerdos aquellos en donde compartimos alegrías, tristezas, planes conjuntos , pero ella nunca me habló de que estuviera en contacto con una empresa de Monterrey y que pronto o solo esperando a que yo me fuera de la ciudad aceptaría la propuesta de empleo, me llené de; odio, rabia, me sentí desnudo ante esta realidad por que infinitas ocasiones le hable de mis planes, de nuestros planes , que ahora un mendigo, si un mendigo sentía que estaba mas arropado que yo.
Las siguientes horas me las pasé inquieto con coraje y sintiéndome burlado, no podía dejar de pensar en Amparo, solo ella estaba presente en mi mente pero no de una manera agradable graciosa o de felicidad, sino como un entuerto que bien se asemejaba a un monstruo que destruye los sueños de un infeliz que como yo la amaba tanto. Me dormí sin sentido y cuando desperté ya era de mañana un raro sabor amargo llenaba mi boca que aunado al vacío que sentía en mi corazón me hacían pensar en no levantarme para quedarme inerte en esa cama que por el momento era lo único que me recibía con calor ,abrazándome entre sus cobijas intenté quedarme dormido, pero fue inútil solo daba vueltas con mis pensamientos de coraje y de dolor.
Finalmente me levanté no me bañé ni siquiera me rasuré, si acaso solo me lavé la cara y la boca, y así sin probar bocado por más de 12 horas me salí del hotel y tomé rumbo a las oficinas de la Secretaria de Educción. Me presenté ante el profesor Morales y con un desgano digno de un valiente que va a morir le dije, acepto , si acepté, sí acepté el el puesto de profesor en San Juan Tatongo, por que en ese momento mi vida no tenia sentido ni dirección, trataba de acabar con mi situación actual tomando otros nuevos caminos.
Las siguientes horas me las pasé inquieto con coraje y sintiéndome burlado, no podía dejar de pensar en Amparo, solo ella estaba presente en mi mente pero no de una manera agradable graciosa o de felicidad, sino como un entuerto que bien se asemejaba a un monstruo que destruye los sueños de un infeliz que como yo la amaba tanto. Me dormí sin sentido y cuando desperté ya era de mañana un raro sabor amargo llenaba mi boca que aunado al vacío que sentía en mi corazón me hacían pensar en no levantarme para quedarme inerte en esa cama que por el momento era lo único que me recibía con calor ,abrazándome entre sus cobijas intenté quedarme dormido, pero fue inútil solo daba vueltas con mis pensamientos de coraje y de dolor.
Finalmente me levanté no me bañé ni siquiera me rasuré, si acaso solo me lavé la cara y la boca, y así sin probar bocado por más de 12 horas me salí del hotel y tomé rumbo a las oficinas de la Secretaria de Educción. Me presenté ante el profesor Morales y con un desgano digno de un valiente que va a morir le dije, acepto , si acepté, sí acepté el el puesto de profesor en San Juan Tatongo, por que en ese momento mi vida no tenia sentido ni dirección, trataba de acabar con mi situación actual tomando otros nuevos caminos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario